Caleb revisó la hora.
—Llevamos demasiado tiempo. Ya debería de haberse alertado la policía.
Apenas terminó de decirlo, llegó un chillido agudo de sirenas. Varias patrullas entraron a la hacienda; por los altavoces gritaban “Stop!”. El bando de Memo se quedó en silencio de pronto; cada tanto se oían gritos: “Police, run!”.
Caleb hizo señas a su gente para que dejaran de tirar y se replegaran. Jaló a Oliver hacia la puerta trasera. En ese instante, un sujeto enorme y calvo se enderezó de repe