Tal como esperaba, Sami se puso rojo de coraje.—Si tan valiente eres, vamos a una vuelta tú y yo, ¡a ver con qué fanfarroneas!Oliver mostró enfado.—Sami, no te pases.Él se puso más arrogante.—Si no me estoy pasando. Es solo una carrera, la pista es segura, no le va a pasar nada. Si no puedo contigo, Oli, ¿tampoco voy a poder con una muchachita?Marisa intervino con una sonrisa.—Sí, Oli. La señorita Quiroga viene por primera vez, no pasa nada con que se divierta un poco. Sami, sé paciente con ella.Sami le clavó una mirada de fastidio.—A ti qué te importa.Alina se rio por dentro. Saltaba a la vista que a Sami esta Marisa le caía pésimo.Paul lo reprendió.—Sami, no le hables así a Maris.Marisa le jaló la manga a Paul.—No te preocupes, Sami todavía está chico.Sami torció la boca.—¿Le entras o no?—Claro. ¿Y si tú pierdes?Sami rio con sarcasmo.—¿Yo perder? ¡Ni en sueños!Varios de los que estaban alrededor también rieron. Los tiempos de Sami en la pista eran los segundos de
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