El apartamento ya estaba listo. Lo había enviado a preparar, Olía a limpio, a nuevo, algo perfectamente ordenado y completamente ajeno.Me serví un whisky, me senté en el sofá mirando la ciudad desde la ventana, con el vaso entre las manos, pensé en Alexandra.Pensé en la forma en que me había mirado ese lunes en el despacho con esa claridad, sin el peso de lo que había ocurrido entre nosotros. Había algo casi cruel en esa amnesia involuntaria. Mientras yo cargara con cada detalle de esa noche, con el calor de su piel y el sonido de su respiración.Pero también era una oportunidad, una para empezar de la forma correcta, sin secretos y compromisos de por medio.Tomé el teléfono y llamé a la florería y le pedí un arreglo de flores con rosas blancas y lilas, con una nota manuscrita que dicté en voz baja y cuya entrega coordiné para el martes por la mañana, directo al escritorio, sin remitente.Lo hice sin calcular el por qué, solo quería que hubiera algo suyo en ese escritorio que vinier
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