El apartamento ya estaba listo. Lo había enviado a preparar, Olía a limpio, a nuevo, algo perfectamente ordenado y completamente ajeno.
Me serví un whisky, me senté en el sofá mirando la ciudad desde la ventana, con el vaso entre las manos, pensé en Alexandra.
Pensé en la forma en que me había mirado ese lunes en el despacho con esa claridad, sin el peso de lo que había ocurrido entre nosotros. Había algo casi cruel en esa amnesia involuntaria. Mientras yo cargara con cada detalle de esa noche,