Ziara despertó antes de que sonara la alarma no por ansiedad, sino por una lucidez incómoda que le había acompañado toda la noche,su mente no había dejado de trabajar, pero tampoco había girado en círculos era una sensación nueva, alerta sin miedo.Se levantó despacio, preparó café y se apoyó un instante en la encimera, observando cómo el vapor ascendía como una señal muda,pensó en la conversación del día anterior, en el aviso velado, en los silencios que comenzaban a organizarse en su contra como piezas de un tablero que no había elegido, pero que conocía demasiado bien.No quieren mi caída inmediata, concluyó quieren que me desgaste y el desgaste, sabía, era el método favorito de quienes no podían permitirse un enfrentamiento directo.A media mañana, el primer movimiento se hizo visible,no fue un ataque frontal fue una invitación.Un mensaje formal, pulcro, enviado desde una dirección institucional,solicitud de revisión conjunta, carácter urgente, presencia “altamente recomendada”.
Leer más