Anastasia, aun sofocada, sintiendo la necesidad de calmar su calor, tenía la consciencia para saber que quien la sostenía era alguien peligroso, así que, intentó zafarse. Las manos y el cuerpo la apretaron, jadeó, estaba siendo arrastrada. Quería gritar por ayuda, pero no tenía la fuerza en su garganta.Pensó que era su fin.Hasta que, de repente, un grito cortó su pánico, y el silencio de la noche.—¡Suéltala! ¡Suéltala ahora!Emily y Lucius se congelaron. La mujer, de inmediato, la soltó. Su mundo dio vueltas, comenzó a temblar.¿Cómo…? ¿Cómo es que él estaba allí?Ni siquiera pudo darse la vuelta, permaneció inmóvil, intentando pensar lo que haría mientras su corazón latía en pánico.Lucius, por su parte, no soltó a la morena, en cambio, se giró con ella, despacio. Si bien era cierto que no se suponía que debía ser atrapado, que quería mantener su fachada frente a Leónidas y Anastasia un poco más, ya no tenía sentido hacerlo.—¿De verdad creíste… que después de lo que me hiciste… no
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