Verdades incómodas.
El sábado llegó con una resaca emocional abrumadora. Anastasia, había logrado dormir en medio de pesadillas, Leónidas por su parte, no había conseguido pegar el ojo.
Mientras la morena se obligaba a levantarse de la cama para hacer un café y poner sus ideas en orden, porque necesitaba hacer que Leónidas reaccionara, el rubio veía a su amigo entrar a su habitación.
—Toma esto —dijo, y le extendió una taza humeante de café.
Leónidas negó. Eric dejó el café en la mesa de noche, y pensó muy bien lo