Leónidas se paró del sofá. Sostuvo con fuerza el teléfono en sus manos. No quería seguir viendo aquél vídeo, pero a medida que lo repetía, todo parecía aclararse más, y a la vez, aquel puñal se clavaba con más fuerza en el centro de su pecho.
Vio a Emily dormida en el sofá, con sus muñecas heridas, pensó en Anastasia, todo lo que ella había sufrido. No… Era no era una mujer que pudiera provocarle dolor a otra mujer.
Esa no era la persona de la cual él se había enamorado. Su dulce, amable, empáti