Era de madrugada cuando el doctor que atendía a Anastasia finalmente lo dejó entrar. Este sintió un vacío en su pecho al verla con el suero, el monitor a su lado, con los ojos cerrados.
—La estabilizamos. El examen toxicológico confirmó la sustancia y ya empezamos el tratamiento —le explicó el doctor—. Estuvo agitada al despertar, así que tuvimos que sedarla un poco. Debería mejorar en unas horas.
Leónidas asintió, tragó hondo. No podía quitarle la mirada de encima. Sus cabellos rizados caían e