Anastasia lo observó irse. Le dolía que él ni siquiera le diera el derecho de la duda, que hubiera tomado el lado de Emily sin más. Pero a pesar de eso, sabía que debía hacerlo entrar en razón. Estaba descalza, cada paso que daba hacia la puerta se sentía pesado, pero en cuanto logró componerse, casi corrió.
El ascensor marcaba que ya Leónidas había llegado a recepción, así que tocó rápido el botón, las puertas se abrieron y se adentró. Se limpió las lágrimas. Miró con ansias cada piso, por sue