(POV de Derek)El silencio que siguió era una entidad física, pesada y viscosa, llenando el estrecho pasillo de piedra hasta que apenas podía respirar. El cerebro se negaba a procesar las palabras que Patrick acababa de pronunciar. Ido. No escondida. No reasignada. Ido de la manera en que una llama desaparece cuando se apaga la vela.—Ido —repetí. La palabra se sentía completamente hueca, una sílaba inútil vibrando en la galería silenciosa—. ¿Qué quieres decir, ido? ¿Adónde la mandaron?Patrick no me miró. Se quedó contemplando las losas, la mandíbula apretada, los hombros cargando un peso que parecía suficiente para aplastarle—. No se fue de la finca en una misión, Derek. Está en el sótano. Sobre una losa de pizarra.La verdad me golpeó, no con un destello súbito de claridad, sino con un golpe sordo y nauseabundo. La mano me cayó de la túnica. El pasillo pareció inclinarse ligeramente, la luz parpadeante de las antorchas proyectando formas distorsionadas y monstruosas contra el techo
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