(POV de Sofía)
El frío no solo me despertó; vivía dentro de mí.
Abrí los ojos a la luz gris del amanecer que se arrastraba por el suelo de piedra. Mi mejilla estaba apretada contra el granito áspero, con el dibujo de la piedra grabado en mi carne. Mis extremidades se sentían rígidas, pesadas y huecas, como madera que había pasado demasiados meses pudriéndose en un sótano húmedo. No había llegado a la cama. Había pasado toda la noche acurrucada bajo la ventana, como una prisionera silenciosa que