Mundo ficciónIniciar sesiónLas pesadas puertas de roble de la cámara del Consejo gimieron al cerrarse, sellando las frescas corrientes de la galería. El aire interior era cálido, espeso con el olor a pino ardiendo, pergamino añejo y el almizcle sofocante de doce lobos curtidos. La larga mesa de caoba dominaba el centro de la sala, su superficie pulida hasta brillar como un espejo que reflejaba las caras tensas y concentradas de los ancianos de la manada.







