(POV de Sofía)
Las mujeres de la manada no tardan mucho.
El silencio de la Finca Cresta Norte pasa del recogimiento del duelo a la quietud estática de un depredador. El aire en los pasillos se carga, pesado con el ozono de una tormenta inminente y el afilado olor metálico de la transformación contenida. Me observaron junto a la tumba. Vieron los dedos del Príncipe de Hierro rozar mi muñeca en ese único y fugaz contacto, y reconocieron una amenaza al orden natural.
Soy la puta asesina de blanco.