Genesis
Cassian está al final del corredor.
Vestido de negro, como siempre. Impecable, como siempre. Con esa cara de hombre que nunca parece cansado aunque el mundo se esté incendiando a su alrededor.
Y, sin embargo, hoy hay algo distinto.
Sombras más hondas bajo los ojos.
La mandíbula tensa.
La expresión demasiado quieta.
Mi corazón late una vez demasiado fuerte.
Por rabia, me digo.
Solo por rabia.
—Mira quién se acuerda de que existo —suelto antes de poder detenerme.
Él se acerca despacio.
—N