Apenas en ese instante me había dado cuenta de que había sido una pésima idea haberle contado aquello a Mauricio, o al menos haberlo hecho de esa forma. — Lo siento, pero cuando me casé contigo, antes de que nos tuviéramos un poco más de confianza, sabía que me ocultabas algo. Sabía que hacías algo peligroso y quería averiguarlo. Cuando mencionaste la serpiente carmesí en tus pesadillas, supe que era algo importante, y entonces envié a uno de mis chicos aquí, a Francia, a investigarte, y él encontró esa fotografía. Si te soy honesta, la verdad no sé cómo la encontró, pero imagino que es algo importante, ¿verdad?El hombre acarició con las yemas de los dedos la imagen de la niña. Sus ojos parecieron brillar. — ¿Importante? — preguntó — . Esta es la razón por la que quiero detener esta guerra antes de que empiece realmente. Su nombre era Azucena. — ¿Era? — pregunté, mientras me sentaba a su lado, nuestros hombros juntos, observando la fotografía. — Sí, era. La conocí aquí, en Fran
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