PRIMERA PARTE: LAS VOCES EN EL BOSQUELuna caminaba desde el amanecer. El sol ya estaba alto, calentándole la nuca, secándole el barro en la piel. Sus pasos eran lentos, pero firmes. La determinación que había nacido en ella la noche anterior seguía intacta, alimentada por los nombres que susurraba cada cierto tiempo, como un mantra.—Clara... Valeria... Marta... Sofía...Cada nombre era un paso. Cada paso, una promesa.De repente, se detuvo.A lo lejos, entre los árboles, escuchó algo. Al principio pensó que era el viento, o el rumor del río. Pero no. Eran voces.— ¡Tiene que andar cerca! —la voz de Leo, cortante, autoritaria—. ¡Búsquenla!—Por aquí hay huellas —la voz de Diego, más calmada, más fría.Luna sintió que el corazón se le paraba. Pegó la espalda al árbol más cercano, conteniendo la respiración. No podía verlos, pero estaban cerca. Demasiado cerca.Había creído que los había perdido. Había creído que, después de la noche, después de la cascada, después de todo, estaría a s
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