—Sé que no teníamos previsto hacer ningún tipo de brindis, y es que, de pronto, esta boda se ha llenado de peculiares decisiones —señaló la dama, logrando la sonrisa de Camille—. Solo quiero decirle a mi hermanita que espero que sea muy, muy, muy feliz —su risa denotaba burla—. Sin duda, te has casado con uno de los hombres más poderosos del estado, del país o quizás del mundo… —se alzó de hombros, viendo hacia el frente—. Alguien que, ciertamente, estaba obsesionado contigo…—Mariam —su padre la llamó.—Ay, papá, es cierto, porque con todo lo que Melissa lloró, pataleó y los dramas que hizo, actuando como una completa lunática, sin duda solo un hombre obsesionado podría buscarla como lo hizo. ¿O quizás es por otra cosa? ¿Quizás creaste alguna alianza con el señor Ravage de la que no hemos sabido? ¿O se la vendiste?—¡Mariam, siéntate! —pidió Maurice, ya de pie ante ella.—Bien, antes de que papá pierda la cordura, solo me toca decir, hermanita… —elevó su copa hacia ella—, que la vida
Leer más