Ella apretó su mano y, tras pasarse las emociones con saliva, respondió:—Tus debilidades son una adicción, papá —Maurice la miró apenas unos segundos—, y ya está afectando a tu familia, a toda ella, incluyéndome.Él solo negó, pero ella continuó:—Mucho pasó en esos días, en esas pocas semanas entre la noticia y mi matrimonio, pero también mucho ha pasado después de mi boda, y puedo decirte con total seguridad que estoy bien.Se encontraron una vez más sus miradas.—Muy bien. Ares y yo logramos un equilibrio que puedo tildar como perfecto. Una comunicación clara, y con lo mismo, las bases para un cariño, para sentimientos reales, se fueron construyendo.—¿Sentimientos? ¿Te enamoraste de este hombre, Melissa?—Lo hice, papá —la respuesta provocó el jadeo de Maurice, quien se recostó en el sillón—, y cada día que pasa, mi matrimonio se va sintiendo más de esa manera: como un matrimonio —continuó ella—. Y por lo mismo, estoy trabajando en dejar el pasado y lo difícil que fue su inicio,
Leer más