—— . . . Punto de vista de Isabela . . . — El silencio después del beso era tan denso que podía escuchar los latidos de mi corazón, golpeando con fuerza en mis oídos. Todavía sentía el calor de sus labios sobre los míos, el temblor de su respiración mezclado con la mía. Por un instante, tuve miedo de abrir los ojos y descubrir que todo había sido un sueño, que Ronan seguía distante, roto, inaccesible. Pero cuando lo vi frente a mí, tan real, tan cerca, supe que ya no había vuelta atrás. Sus dedos rozaron mi mejilla, con esa mezcla de delicadeza y necesidad que me desarmaba. La yema de sus dedos trazó el camino de una lágrima que ni siquiera había notado que caía. Me miraba como si buscara memorizar cada rasgo, como si temiera que desapareciera si apartaba la vista. Su respiración era irregular, y la mía no era diferente. Entre nosotros no había palabras, solo esa tensión que llevaba años gestándose, creciendo en silencio, esperando el momento de estalla
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