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— . . . Punto de vista de Isabela . . . —
El aire de la mañana era denso, pesado, como si el cielo mismo compartiera mi carga. Salí de la casa de mi padre con el corazón hecho un nudo. Su apoyo, sus palabras, habían sido un alivio temporal, pero no bastaban para acallar la culpa que me mordía por dentro. Había llorado frente a él, algo que no hacía desde niña, y aunque me dijo que no debía cargar sola con el peso de los errores de otros, sabía que mis decisiones también habían cau