— . . . Punto de vista de Valeria . . . — El escalofrío me recorrió desde la nuca hasta la punta de los dedos cuando vi el titular en la pantalla. Mis manos temblaron de inmediato, y la taza de café que sostenía se me escapó de los dedos, estrellándose contra el suelo con un estruendoso golpe que me hizo sobresaltar. El líquido caliente se derramó sobre mis pies, pero ni siquiera lo sentí; mis ojos estaban fijos en la transmisión en vivo. El auto de Isabela flotaba, destrozado, atrapado entre las corrientes del río que rugía con fuerza. Las imágenes se movían rápidamente, rescatistas colgando de cuerdas, trabajando con prisa desesperada, pero todo lo que yo podía hacer era quedarme paralizada. — No… no puede ser… — susurré, apenas audible, sintiendo cómo mi garganta se cerraba y mis manos se crispaban. Mi corazón latía con fuerza desbocada, como si quisiera escapar de mi pecho, y mi respiración se entrecortaba. Todo mi cuerpo se tensó, temblando ant
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