—— . . . Punto de Vista de Isabela . . . — El calor que emanaba de Ronan era imposible de ignorar, casi tangible, como si la propia habitación ardiera a su alrededor. Cada roce de sus manos sobre mis muslos me arrancaba un escalofrío que subía por mi espalda y se convertía en un fuego que no podía contener. Sus labios estaban húmedos y entreabiertos, la mirada turbia, mi piel se encendida, y en cada gesto suyo sentía la certeza de que nadie más podría tocarme como lo hacía él. Era posesión, era deseo, pero también había algo más profundo, algo que no terminaba de comprender y que me desarmaba por completo. — Dime que me deseas — su voz ronca vibró contra mi oído, y el aire pareció detenerse por un instante. Lo miré con desafío, intentando mantenerme firme, pero mi cuerpo traicionó mi voluntad. Arqueé la espalda hacia él, buscando más contacto, necesitándolo más de lo que quería admitir. Su sonrisa oscura me hizo estremecer, una mezcla de orgullo y
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