Ginevra GiovanniEstaba nerviosa, debía admitirlo, el vestido que llevaba era negro, sobrio, pero con la característica abertura en la pierna que comenzaba a amar. La tela era un crepé de seda denso que se ajustaba a mi cuerpo como una segunda piel, y sobre mis hombros, una lluvia de pequeños diamantes incrustados captaba la luz de las lámparas, devolviendo destellos gélidos con cada uno de mis movimientos. Mi cabello estaba recogido y el maquillaje era suave, pero con un labial rojo que hacía resaltar mi rostro.Hoy era la cena con los jefes de las familias más importantes de la Bratva, Mikhail me había dicho que incluso unas cuantas habían llegado desde Rusia para este día. Los nervios afloraron a través de mi y tuve que respirar unas cuantas veces antes de salir del armario. El anillo en mi dedo se sentía frío contra mi piel, pero el peso de llevarlo se sentía cargado sobre mis hombros. Debía impresionarlos, pero no debía hacer nada según Mikhail, era solo para conocerme, para tene
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