Ginevra Giovanni
El sol de aquel domingo estaba oculto detrás de las nubes negras que asomaban por el cielo, como si el mismo cielo estuviera intentando ocultar la farsa que estábamos a punto de protagonizar. El aire dentro del recinto estaba saturado por el olor a incienso y el perfume costoso de los líderes de la Bratva, una mezcla opresiva que se me instalaba en la garganta. Cada respiración me recordaba que este no era el día más feliz de mi vida, sino el funeral de algo dulce e inocente qu