Livia caminaba despacio, apoyada en Ria y Felly, que la sostenían a ambos lados. Seguía pálida y aún débil tras su lucha contra la magia oscura, pero mantenía la cabeza erguida y sus pasos eran firmes. La sangre que en otro momento había manchado sus labios ya no estaba; en su lugar brillaba una determinación serena que hizo que muchos bajaran la mirada. Incluso debilitada, la Luna se movía con una elegancia que imponía respeto.De nuevo, el salón se llenó de susurros.—Ha venido…—Mírenla, apenas puede sostenerse en pie.—¿Es valiente o simplemente está desesperada?Aldus apretó la mandíbula al verla. Una parte de él quería detenerla, ordenarle que volviera a descansar, pero ya conocía bien a Livia. Jamás se perdonaría esconderse mientras se mentía sobre ella.Al llegar al centro de la sala, apartó con suavidad las manos de Ria y Felly y se mantuvo en pie por sí misma. El esfuerzo hacía temblar sus piernas, pero no cedió.El anciano Caelum, líder del Consejo, se levantó de su asiento
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