Un murmullo de miedo se extendió entre los asistentes.
—¿U-una maldición? —susurró alguien.
—¿Quién se atrevería a…?
—¡Silencio! —cortó Caelum, y de nuevo la sala quedó en calma—. No fue un acto al azar. El hechizo lanzado contra la Luna era magia oscura: prohibida y ancestral. Su propósito no era matarla de inmediato, sino debilitarla, impedir que el juicio continuara y dar al verdadero culpable más tiempo para urdir sus planes.
Sus palabras provocaron un escalofrío colectivo en la sala. Inclu