El sol ya había pasado su punto más alto, bañando los dominios de la Manada de la Luna de Sangre con la suave luz de la tarde. Sin embargo, en su despacho privado el ambiente se sentía más denso, cargado de reflexiones, estrategias y el peso de lo que se decidiría al día siguiente.
Aldus estaba sentado tras su gran escritorio de roble, con los codos apoyados sobre la superficie pulida y los dedos entrelazados bajo su barbilla. Los documentos que tenía delante habían quedado olvidados; su mirada