Livia caminaba despacio, apoyada en Ria y Felly, que la sostenían a ambos lados. Seguía pálida y aún débil tras su lucha contra la magia oscura, pero mantenía la cabeza erguida y sus pasos eran firmes. La sangre que en otro momento había manchado sus labios ya no estaba; en su lugar brillaba una determinación serena que hizo que muchos bajaran la mirada. Incluso debilitada, la Luna se movía con una elegancia que imponía respeto.
De nuevo, el salón se llenó de susurros.
—Ha venido…
—Mírenla, ape