El aire apestaba a sangre y tierra húmeda, mientras el Beta Juls y el Gamma Roderick se abrían paso a la fuerza entre la multitud de lobos sin manada. Sus formas lobunas se movían como sombras rápidas, pura musculatura y furia contenida.Garras que rasgaban, colmillos que chasqueaban, y la noche entera llena de gruñidos y gritos de quienes caían muertos. Y aun así, los enemigos seguían llegando, uno tras otro, sin fin, salvajes y obedientes, como si una mano invisible los hubiera convocado allí para detenerlos.En medio del caos, Florita se mantenía firme. A su alrededor brillaba una barrera de luz temblorosa, que parpadeaba cada vez que un lobo chocaba contra ella con fuerza. El sudor le corría por la cara, y sus labios no dejaban de repetir palabras en una lengua antigua y olvidada. De las puntas de sus dedos salía una luz plateada, pero era débil… demasiado débil para aguantar mucho tiempo.—No nos queda mucho tiempo —dijo con voz entrecortada por el esfuerzo—. Si pierdo la concent
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