Livia intentó enderezarse, aunque su cuerpo temblaba con tanta fuerza como si el peso de todo el mundo estuviera aplastándole los hombros. Quería mantenerse erguida, aunque solo fuera para demostrarles que no se doblegaría ante las mentiras, pero las fuerzas la estaban abandonando por momentos.
Otra sacudida de tos le atravesó el pecho, y nueva sangre resbaló por sus labios, manchando una vez más el suelo de mármol que tenía debajo.
En todo el gran salón se oyeron exclamaciones de sorpresa al v