EmmaCerré los ojos y me rendí.Sentí cómo dos de sus dedos me penetraban, con un inicio lento y cuidadoso, abriéndome con una paciencia tan diferente a la violencia de su mirada roja.Gemí. El sonido que salió de mí no era mío. Era más alto, más gutural, más desesperado. No reconocí ni mi propia voz. Sus dedos eran gruesos, largos, y se curvaban dentro de mí buscando hacerme ver estrellas en medio de un cielo nublado. Los movía con ritmo constante, entrando y saliendo, mientras su pulgar no dejaba de torturar mi clítoris.Mis caderas se movían solas, buscando más. Un minuto después, o tal vez solo segundos, ya no lo sabía, todo mi cuerpo se tensó como un arco. Temblé violentamente, mis paredes internas apretando sus dedos con fuerza mientras me corría contra ellos. El orgasmo me golpeó rápido, brutal, dejándome sin aliento y con las piernas temblando.Magnus sacó los dedos lentamente y me miró con una enorme sonrisa lobuna, los ojos todavía rojos y llenos de satisfacción masculina.—E
Leer más