Era la primera vez que mostraba signo alguno desde que cayó inconsciente.El cuerpo de Magnus, aunque seguía inmóvil, respondió al contacto y al calor de la habitación. Emma apartó el paño un poco, con el corazón golpeándole el pecho. No era una herida. No era peligro. Era una reacción física, masculina, viva. Aun así, la tomó por sorpresa y la dejó sin saber qué hacer ante la reacción repentina, que no era para nada la que ella esperaba.Miró su rostro esperando encontrarlos abiertos. Pero Magnus seguía con los ojos cerrados.Emma tragó saliva y bajó la mirada otra vez. Sintió calor en la cara, en el cuello, en el pecho. Se avergonzó de sí misma por quedarse paralizada, por notar demasiado, por estar allí cubierta solo con una toalla mientras lo limpiaba. Quiso levantarse, buscar otro paño, poner distancia, cualquier cosa.Entonces el vínculo la alcanzó, aquella también era la primera vez que había un movimiento allí, pero más que un movimiento, era un huracán.La fuerza entró por el
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