Maya
La reunión duró demasiado.
Llevaban más de una hora hablando de guerra y yo los escuchaba con las manos juntas sobre la mesa, quieta, mientras Kaius golpeaba la madera y Jeff repetía las mismas palabras con distinta intensidad cada vez. Los ancianos del consejo asentían y me miraban esperando que yo hiciera lo mismo.
No podía.
No porque no sintiera la rabia. La rabia la tenía, la llevaba pegada al cuerpo desde la noche en que perdí a mi hijo, desde la mañana en que metí las manos en la tie