Emma terminó bajando la cabeza, completamente avergonzada. Porque una parte de ella sabía que debía negarse, mantener cierta distancia de todo esto pues, ella no resiste todo esto. Pero otra parte... La parte más sincera, la que siempre aparecía cuando estaba cerca de él, se sentía absurdamente feliz, protegida, querida al punto que el deseo era irremediable.— Bueno... No puedo negarme, ¿verdad?... Gracias —susurró.— De nada.Y por unos segundos ambos permanecieron allí, compartiendo aquella pequeña tranquilidad. Lejos de problemas, lejos de sospechas, lejos de Natasha.Sin imaginar que, en otra parte de la mansión, alguien seguía pensando exactamente en ellos.Mientras tanto, Natasha estaba encerrada en su estudio privado. La puerta permanecía cerrada con llave. Sobre el escritorio había varias fotografías, notas detalladas, nombres subrayados y apuntes escritos a mano con furia. La mujer que había estado aquella mañana ya estaba descartada. Una línea roja cruzaba la fotografía c
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