Natasha llevaba varios días notando que algo no estaba bien.
No era Alexander.
No esta vez.
Aunque seguía distante y cada vez parecía más ocupado, había algo diferente que llamaba más su atención.
Damián.
Los mensajes que antes respondía en minutos ahora tardaban horas. Las conversaciones se habían vuelto cortas. Secas. Como si estuviera permanentemente molesto con el mundo.
Y aquello era extraño.
Porque Damián podía ser muchas cosas: orgulloso, frío, terco. Pero no era una persona que se aleja