La fiesta se prolongó durante horas.
Más de las que Alexander hubiera deseado. Muchísimas más.
El salón principal de la mansión parecía un escenario interminable donde cada luz, cada copa de cristal y cada risa forzada se extendían como una cadena que lo mantenía atado. Los candelabros de cristal tallado reflejaban la luz dorada sobre los vestidos de las invitadas y los esmóquines impecables de los hombres de negocios. El aire estaba impregnado de un aroma denso a perfume caro, champán añej