(Perspectiva de Rodrigo)Cerré la puerta de mi despacho com un golpe sordo que pareció retumbar en toda la planta, pero el jaleo de ahí fuera seguía vibrándome en la cabeza.Podía sentir la sangre latirme en las sienes, con una furia ciega que no experimentaba desde hacía años.Cada insulto que había escuchado en esos pasillos… amante, oportunista, escoria… parecia que me lo habían clavado en mi propia piel.Noté que la mano de Mariana flaqueaba sobre la mía cuando intentó suentar los dedos, un movimiento sutil de quien quería alejarse, esconderse del mundo e, incluso, tal vez de mí.Pero no la solté.La agarré fuerte, no por posesión, sino porque sentía que, si la soltaba ahora mismo, se caería redonda al suelo de mármol.— Mariana... —empecé a decir, mas la voz me salió ronca, atascada por la rabia que todavía intentaba asimilar.Me paré enfrente de ella y la miré de verdad, sintiendo cómo, de golpe, la furia que me dominaba era sustituida por un pellizco doloroso en el pecho.Estab
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