Me metí yo primero en la cama y justo después se acomodó él a mi lado.Entonces, se movió, noté cómo se hundía el colchón y, acto seguido, me pasó el brazo por la cintura con una posesión silenciosa, tirando de mí hacia atrás y pegando mi espalda contra su pecho ancho.El calor del cuerpo de Rodrigo me arropó por completo.Escondió la cara en mi pelo, respirando hondo.Y no dijo ni una sola palabra.No hacía falta.Me quedé allí quieta, concentrada solo en el ritmo de su respiración contra mi nuca, en lo fuerte que me abrazaba y en cómo me sujetaba.Hoy, ese gesto era más que suficiente.Era justo lo que necesitaba para no ven venirme abajo. Pero las palabras envenenadas de Nelson Ferreira no me salían de la cabeza, repitiéndose una y otra vez como un disco rayado.“Su ropa todavía está en el vestidor.”“No va a volver a amar a otra mujer en la vida.”Cerré los ojos con fuerza, intentando borrar las imágenes que me traían esas frases.Como si notara mi agitación por dentro, Rodrigo me
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