Mis ojos se cruzaron con los suyos, e incluso a mí me asustó la furia que había allí… era la mirada más letal que le había visto nunca a Rodrigo.
Nelson se dio la vuelta, y su cara cambió del rojo de la rabia al blanco del impacto.
— Rodrigo, yo solo venía a...
— Fuera. —Su voz fue baja, pero cortante como una cuchilla.
— Hijo, déjame que te explique...
— Sal de mi casa. Ahora mismo. Antes de que haga algo de lo que me vaya a arrepentir.
Los dos se quedaron mirándose fijamente.
Padre e hijo.
El