Pasé el resto de la tarde en el departamento de TI, intentando centrarme en los datos, en las hojas de cálculo, en las pruebas contra Nelson Ferreira.Paulo se dio cuenta de que yo estaba rara, pero no preguntó. Solo se quedó al lado, trabajando en silencio, siendo el amigo que siempre ha sido.Mas mi mente no paraba.Cada vez que cerraba los ojos, veía la escena de Raissa entrando sin llamar. Su mirada clavada en mí. La forma en que soltó ese "lo siento" con una voz que no era de disculpa, sino de otra cosa.Ella lo sabía.Y no se le iba a olvidar.Al final del día, cuando por fin volví a casa, Rodrigo ya había llegado.Lo encontré en la cocina, con una taza de café en la mano, mirando a la nada.Su expresión era la de siempre… cerrada, controlada, pero yo lo conocía lo suficiente como para notar la tensión que llevaba por dentro.—Raissa —empecé, a bocajarro.Él me miró.—Ya he hablado con ella.—¿Y qué le has dicho?—Que lo que vio fue un momento privado y que espero discreción.—¿
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