Cap.136Miércoles, diez de la mañana, y yo caminaba sin rumbo por la acera, con la cabeça a mil por hora.Faltaban cinco días para la subasta, no había conseguido dormir nada y vi al día amanecer.Seguía sin saber qué hacer o cómo entrar en ese archivo, sin saber en quién confiar.El sol estaba fuerte, pero ni lo sentía, de tan perdida en mis pensamientos que casi pasé de largo por la panadería sin ver el movimiento hacia mí.— Mariana!La voz venía de un lado y me detuve, parpadeando, tratando de procesar de dónde venía cuando vi acercarse a Adriano.Él estaba del otro lado de la calle, saludando, con la misma sonrisa fácil que siempre tenía.Pasó entre los coches y se acercó a mí, con los ojos oscuros examinándome como si quisiera asegurarse de que estaba bien.— Hola — logré decir, y hasta sonó normal. — Cuánto tiempo.Hacía unos días desde Milán.Unos días desde que volvimos, desde que Rodrigo giró la llave y empezó a tratarme con esa frialdad de siempre, como si el besono hubier
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