Cap.148 Con un movimiento hábil, la apartó hacia un lado, y entonces... sus dedos me tocaron. Piel con piel. El aire salió de mis pulmones en un jadeo seco. La sensación fue abrumadora, cálida, húmeda e íntima de una manera que me hizo temblar de las piernas a los labios. Sus dedos, grandes y hábiles, exploraron mi punto más sensible, haciendo círculos lentos y deliberados, que me hicieron arquearme contra él. — Rodrigo... — gemí, su nombre saliendo como una súplica, una oración. — Lo sé — susurró, sus labios volviendo a los míos en un beso profundo y devorador que correspondí con igual desesperación. Sus dedos empezaron a deslizarse, explorando mi entrada, jugando con ella, sin prisa, como si estuviera aprendiendo cada pliegue, cada reacción. La sensación maravillosa, que ya era intensa, empezó a crecer y acumularse en una presión dulce e insoportable dentro de mí. Mis dedos se enterraron en sus hombros y me agarré a él como si fuera la única cosa sólida en un mundo que gi
Ler mais