Él me observó y algo en sus ojos cambió. La frialdad calculadora habitual dio paso a una intensidad abrasadora, una respuesta directa y primitiva al fuego que yo había soltado.No dijo nada. Solo me sostuvo la mirada, y la distancia entre nosotros, que ya era mínima, pareció evaporarse.No aguanté más.La combinación de la rabia pura, de la atracción que me empujaba como un imán contra toda lógica, de la noche calurosa y secreta… fue demasiado.Com um movimiento brusco, casi desesperado, me puse de puntillas, le cogí la cara con las manos y tiré de él hacia abajo, sellando mis labios con los suyos en un beso.Se quedó inmóvil por una fracción de segundo, con el cuerpo tenso por la sorpresa total. Y entonces, con un sonido bajo y gutural que vino del fondo del pecho y vibró contra mis labios, respondió.Sus manos volaron a mi cintura, pegándome a él con una fuerza brutal que me quitó el aire de los pulmones.El beso, que empezó como una explosión de rabia por mi parte, se transformó en
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