Esteban salió del despacho furioso, subió a su auto, arrancó y se fue. Renata, al ver aquello, no se quedó callada y fue en búsqueda de su madre, quien, ante el enojo que le había provocado aquella discusión, sintió un fuerte dolor en las costillas.
—¡MAMÁ! ¿QUÉ LE DIJISTE A PAPÁ? ¿POR QUÉ SE FUE? ¡YO LO INVITÉ A DESAYUNAR! ¿LO CORRISTE? ¿VERDAD? ¿LO CORRISTE? ¡DIMEEE, MAMÁ!
Marina no podía hablar del dolor, solo podía doblarse ante el fuerte dolor interno.
—¡MADRE! ¡ERES UNA DESCONSIDERADA! ¡ES