El rostro apacible de Lina palideció. Ella no podía estar entendiendo mal, ¿verdad? Este hombre sí debía estar loco, ¿verdad? O ella debía haberse caído en la ducha como una que otra ocasión le había sucedido; sí, eso era, debía haberse caído, pegado en la cabeza y debía estar inconsciente, debía estar soñando cosas ilógicas.—¿Es broma? ¿Verdad?—No, yo no bromeo. ¿Me ves riendo? —dijo Patrik mirándole con seriedad.—A ver, vámonos por partes, Patrik Stuart, tú hace días no tolerabas mi presencia…—Pero luego te confesé que me gustaste desde que te vi, admití que desde que te vi, supe que eras un problema con dos hermosas piernas, un par de ojos pícaros y una boca muy grande.—Lo hiciste en un momento vulnerable; podrías haberlo dicho solo para hacerme sentir bien.—Sí, podría, podría, pero no lo hice.Lina sintió un nudo en el estómago.—¿Cómo sabes que no soy una cazafortunas? ¿Cómo sabes que soy la correcta? ¿Cómo sé que eres el correcto? Tú me dijiste que ya te has divorciado una
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