Luego de entrar del jardín, Marina saludó afectuosamente a Renata.
—¡Cariño! ¿Qué tal dormiste? —preguntó Marian con calma.
—Bien, mami. ¡Muy bien! —dijo Renata abrazando a su madre de manera efusiva.
Aquel acto no pasó desapercibido por Diana, quien sintió un nudo en la panza, pues ella siempre había sido muy grosera con su madre. ¿Por qué ahora se comportaba así con ella?
—Bien, mis niñas, vamos a desayunar y luego de eso, nos vamos a conocer el pueblo de Ofe, pero no viajaremos como siemp