Mientras que Adelina y Patrik se ponían de acuerdo, Marina y Efraín iban de regreso a la ciudad; algo dentro de ese auto era diferente, ya no eran los mismos a los que fueron. Marina, por primera vez en mucho tiempo, se sentía en las nubes, ¿y cómo no podría sentirse así? El hombre que venía a su lado le había regalado dos de los mejores días de su vida, claro, sin desbarrancar el día en que nacieron sus gemelas. En este momento, el hombre sostenía con fuerza su mano y, de vez en vez, la levantaba para besarla. Era claro que algo ahí había cambiado y Marina estaba decidida a darse una nueva oportunidad con alguien que tuviera sentimientos verdaderos hacia ella. La Marina, que ahora venía sentada como copiloto, se notaba diferente, tanto por fuera como por dentro. Ella llevaba una sonrisa de oreja a oreja, no paraba de sentir mariposas en su interior y no paraba de pensar en que le sería difícil despedirse de este hombre; además de que era consciente de que los días se le harían eter
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