La chica encargada de guiarla por aquel lugar la llevó a una pequeña boutique; ahí Marina pudo observar que la ropa encajaba muy bien con su personalidad.
Marina observó cada prenda y se percató de que la ropa ahí costaba un ojo de la cara. Por algunos momentos, dudó en comprar alguna prenda; no sabía si eso era buena idea; sin embargo, la mujer que la acompañaba le recordó que su “esposo”, Efraín Forcelledo, había dejado indicado que ella podía pedir lo que quisiera.
La joven mujer, aun con res