El camino hacia donde Efraín tenía pensado llevarla a cenar no fue largo, pero era necesario ir en automóvil. Al llegar a ese lugar, todo estaba a oscuras, no se podía ver nada. Marina dudó un poco de la cordura de su acompañante; sin embargo, rápidamente se tuvo que tragar sus propias palabras.
Tan pronto como Efraín apagó el motor de su auto, alguien encendió varias guirnaldas y pudo ver una mesa elegantemente colocada dentro de un bello jardín.
—¿Tú organizaste todo esto? —dijo Marina sinti